Está visto y comprobado que ser Popular y morir joven, es posible pasaporte a futuro Mito. Pero ser Popular, morir joven y además ser lindo y carismático, ya otorga un diploma de Mito inmortal seguro.
Si además, quien se convertirá en Mito inmortal seguro, murió bajo circunstancias trágicas o dudosas, nace un ícono eterno, venerado, inolvidable y atesorado en la magia de la leyenda y el misterio. De eso tratará este blog. De aquellos famosos que se fueron antes de lo previsto.Jóvenes, descaradamente jóvenes, talentosos e idealizados.( Las biografias en su mayoría, son tomadas de Wikipedia)
...Este blog se creó el 23 de marzo del 2008...

Morir Joven : Mito Inmortal

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domingo, 25 de mayo de 2008

Christina Onassis.Fotos para el recuerdo




Christina Onassis.Fotos de familia

Su padre Aristóteles y su hija Athina


Cristina Onassis era una persona increíble

carmine dodero
“Cristina Onassis era una persona increíble”
Estudió en Estados Unidos, regresó en diciembre de 2001 y participó de los cacerolazos. Pertenece a una elite acomodada pero tiene que trabajar para vivir: organiza desfiles filantrópicos. Es hija de Marina Dodero, la amiga argentina de Cristina Onassis, de cuya muerte este lunes se cumplen 19 años. “Una mujer increíble, brillante, súper divertida”, recuerda.
Por MARINA ABIUSO


GRIEGA. Posó en la casa de su madre junto a su mascota. Pasó por siete colegios porteños antes de terminar pupila en EE.UU.
La crisis post devaluación la encontró sin trabajo e hizo lo que muchas otras chicas: organizó un evento tipo tupper ware para vender ropa entre sus amigas. Pero no eran remeritas del Once sino prendas de Araceli Pourcel o Pablo Ramírez y el encuentro, un té con desfile para cien íntimas de alto poder adquisitivo. Nieta del naviero Alberto Dodero e hija de Marina, íntima amiga de Cristina Onassis, Carmine (29) es garantía de buenos contactos y relaciones.

Llevaba nueve años viviendo en Estados Unidos, donde había terminado pupila el secundario. Se había graduado en Relaciones Internacionales pero trabajaba en la moda. Pidió la visa después de los atentados del 11 de septiembre y no tuvo éxito: para no convertirse en una ilegal volvió a Buenos Aires el 19 de diciembre de 2001.

—Casi me muero. Con mi hermana estuvimos en los cacerolazos, fuimos a la Plaza de Mayo a ver todo, estábamos cuando empezaron las bombas. Era un momento histórico. Estuve cinco meses desocupada y totalmente deprimida.

—¿Tenés necesidad de trabajar?

—Tuve momentos sin trabajar en los que por supuesto no me estaba muriendo de hambre, pero yo dinero no tengo: tengo padres que tienen pero que me han pagado una carrera y pretenden ver resultados. Además, es una cuestión de autoestima, la satisfacción de levantarme a la mañana y tener algo que hacer más que hacerme las manos. Te funciona la mente de otra manera. Habría que –en vez de ir al psicólogo– trabajar.

—¿Qué sabías de moda antes de empezar con los desfiles?

—Siempre quise trabajar en esto y siento que tengo buen gusto, pero no el talento para crear. De desfiles, más que haber ido a miles cuando era chica, nada. Aprendí con la práctica.

Cabulera, mantiene el número de diseñadores por desfile y el catering del primer encuentro. El costo de las entradas se dona a caridad y la ganancia está sólo en el aporte de los sponsors.

—Trabajo con un público que no va a Buenos Aires Fashion Week porque no tiene ganas de esperar una hora y media. Sí les apasiona comprar, pero hay otra exigencia: acá estás bien sentada, con amigas, te tratan bien, empieza en hora, y ayudás a una entidad.

Sigue


Onassis. La casa de su madre está poblada de portarretratos: en la biblioteca hay una foto junto a Carlos Menem y en el living, en un marco simil leopardo, una junto a Cristina Onassis, de cuya muerte se cumplen 19 años este lunes. Al evocarla, los ojos de Carmine se ponen vidriosos.

—¿Qué recuerdos tenés de los Onassis?

—De Cristina tengo un muy buen recuerdo. Una mujer increíble, brillante, súper divertida que tuvo una muy mala experiencia de vida, lamentablemente. Tuvo una vida muy triste pero era una persona increíble. Creo que una de las grandes razones por las que nunca probé droga es porque ella desde muy chiquita me sentaba y me ponía videos: tenía cuatro años y no entendía lo que estaba viendo, pero me hacía ver todo lo malo que hacía la droga.

—Es sorprendente que lo haya tenido tan claro, considerando...

—Ella, drogas nunca consumió

—Pero sí psicofármacos.

—Pero en esa época no se sabía, no había tanta conciencia. Nunca tomó una gota de alcohol en su vida, sólo coca cola todo el tiempo. Nunca fumó un cigarrillo, pero sí tomaba pastillas. Es que en esa época... a mamá cuando era chica el médico le daba anfetaminas para adelgazar y era lo más normal del mundo.

—¿Tienen contacto con su hija Athina?

—No. Es que el padre... perdimos contacto.

—Ella está cerca, en Brasil. ¿Te da curiosidad?

—Mucha, pero yo calculo que en algún momento... Me encantaría que nos contacte si le interesa. Creo que poca gente la conoció tanto como nosotros y tiene tantas cosas buenas y lindas para decirle de su mamá.

Cristina Onassis-Misterios sobre su muerte

TRAGEDIA GRIEGA | POBRE MUJER RICA
¿Mataron a Cristina Onassis?
UN LIBRO sugiere que la muerte de la desdichada heredera de Aristóteles Onassis no fue natural ni un suicidio

JAIME PEÑAFIEL

En los últimos años de la década de los 80 la vida de Cristina Onassis, la riquísima heredera del griego de oro, Aristóteles Onassis, había iniciado ya la cuesta abajo en la rodada del tango.Y es precisamente en Argentina, concretamente en Buenos Aires, donde el 19 de noviembre de 1988 falleció repentinamente. Se dijo entonces que víctima de un edema pulmonar. Pero también por propia decisión de poner punto final a su desgraciada existencia mediante suicidio por barbitúricos.


Estos días se ha puesto a la venta en Atenas un polémico libro, La omega de Cristina, del periodista griego Costas Baxevanis, que desvela que la muerte de Cristina no fue natural ni un suicidio sino... misteriosa. A la presentación asistió el presidente de la Fundación Onassis, Stelios Papadimitriu, encargado de velar por el buen nombre del armador y familia, que dejó claro que «no sabemos de qué murió Cristina, pero sí que no se trató de un suicidio».


Por aquellos años 80, Joaquín Sabina, el gran Baudelaire español, le había compuesto un poema titulado Pobre Cristina que comenzaba con estos versos: «Era tan pobre que no tenía más que dinero / besos de sobre / herencia de su padre el naviero / anfetaminas / y alcohol desayunó miss Onassis / pobre Cristina».


En esa estrofa está resumida la vida de Cristina Onassis, una auténtica tragedia griega. En menos de tres años pierde a su único hermano y heredero de su padre, Alejandro, en accidente aéreo (22 de enero de 1973); a su madre, Tina Livanos (10 de septiembre de 1974) y a su padre, Aristóteles Onassis (15 de marzo de 1975). La muerte de sus padres (divorciados desde 1959) y de su hermano (dos años mayor que ella) la dejan, a sus 24 años, en la mayor de las soledades y con la responsabilidad de administrar la mayor fortuna que una persona sola haya tenido jamás en el mundo, para la que, por supuesto, no estaba preparada.


Cristina tenía la desgracia de parecerse a su padre y no a su madre, bella y esbelta. Era demasiado obesa. Bebía hasta 30 botellas de Coca Cola al día. Y no era nada elegante pese a gastar millones de dólares en ropa y en joyas. Pero se dejaba conquistar con un mínimo afecto. Se sabía una víctima fácil.


Deprimida por el matrimonio de su padre con Jackie Kennedy, decidió casarse con el norteamericano Joseph Bolker, al que había conocido en una piscina de Montecarlo. Un don nadie sin oficio ni beneficio, de 48 años, padre de cuatro hijos y dos veces divorciado. La boda, sin el consentimiento paterno, se celebró en Las Vegas el 29 de julio de 1971. Cristina no tenía aún 20 años. El matrimonio duró seis meses.


Tres meses más tarde de la muerte de su padre, que la convirtió en la mujer más rica del mundo, contrajo segundo matrimonio con Alejandro Andreadis, heredero de una fortuna industrial griega.Pero pronto se aburrió del rico marido (para rica, ella) y se divorció. A continuación se casó con Serguei Kauzov, modesto empleado de las oficinas en París de una naviera soviética y posible agente de la KGB. A los pocos meses le abandonó indemnizándole con un petrolero y dinero suficiente para mantenerlo a flote.


A pesar de su enorme fortuna, o tal vez por ella, Cristina, como reflejaron las revistas de la época, se convirtió en una alocada personalidad internacional adicta a todo tipo de drogas y medicamentos que, según el biógrafo de Jackie Kennedy Onassis David Heymann, tomaba para combatir su problema de peso.


Truman Capote escribió de ella: «Solía verla en todos los clubes, siempre con una Coca Cola en la mano. Más tarde pasó a las bebidas dietéticas. Tenía una risa estrepitosa, resonante, pero era una depresiva, con tristes ojos de comadreja. Poseía un voraz apetito sexual y pagaba a los hombres para que la llevaran a la cama».


En 1980 trató de suicidarse mientras se encontraba en Nueva York.Y en 1985 se casó por cuarta vez con Thierry Roussel, el padre de su hija Athina, hoy tan rica como su madre, y cuyos primeros pasos sentimentales no son precisamente prometedores. A pesar de que Roussel era hijo de un rico empresario de la industria farmacéutica francesa, cuando Cristina se divorció, al cabo de tres años, le indemnizó como a otros maridos: 75.000 dólares por día de convivencia, un total de 75 millones de dólares. Roussel mantenía una relación con una modelo sueca con la que tenía dos hijos, el mayor de la edad de Athina.


Ante tanta tragedia, ¿puede extrañar que meses después de este nuevo fracaso falleciera a los 36 años, en la hacienda de sus amigos argentinos Alberto y Marina Dodero?


Ahora, bajo el pretexto de que la policía no fue avisada hasta 16 horas después de que se la encontraran muerta y de que alguien «movió los hilos» para que no se aclarara nada, se levanta, no el cadáver sino el perjuicio de la duda sobre el final de una criatura que fue desgraciada desde el alfa hasta el omega de su vida. Nadie le advirtió de que, como escribió en su poema Joaquín Sabina «al cielo no se va en limusina... Qué mala suerte...Vale más ser la hija de un fulano de tal y echarse un noviete aburrido y formal».

Cristina Onassis-Misterios sobre su muerte

La omega de Cristina Onassis

¿Suicidio, muerte natural, asesinato?

El periodista Costas Vaxevanis acaba de publicar "La omega de Cristina Onassis". En el libro Vaxevanis asegura que Cristina Onassis no se suicidó y que tampoco murió de muerte natural. La investigación llevada a cabo por el autor ha revelado que no se sabe dónde falleció la hija de Onassis y que la policía fue avisada de la muerte con 16 horas de retraso. Otra de las perlas que pueden leerse en este libro, es que Cristina Onassis fue llevada de un hospital a otro como enferma y no como cadáver. Sin lugar a dudas, "La omega de Cristina Onassis" dará mucho que hablar.

Christina Onassis. El yate

Christina Onassis. Su yate-testimonios de vida-

Christina Onassis-Joaquín Sabina y su tema Pobre Cristina.

¿Cristina Onassis fue asesinada?

Revelación histórica: ¿Cristina Onassis fue asesinada?

11 comentarios
¿Es posible que la muerte natural de Cristina Onassis haya sido una mentira? ¿Se pudo haber disfrazado la verdadera causa de su fallecimiento?
te revela en este informe, basado en documentos reservados la verdad sobre la hija del magnate.
La posibilidad que Cristina Onassis hubiera sido asesinada, y no muerta por edema pulmonar seguida de paro cardiorespiratorio tal como fue la versión oficial luego de su fallecimiento el 19 de noviembre de 1988, sale a luz casi a 20 años del trágico hecho merced a un hallazgo exclusivo de .




Efectivamente, se trata de cinco carillas sobre un total de nueve de un informe de inteligenciaelaborado en las postrimerías del gobierno de Raúl Alfonsín, en marzo de 1989. El “dossier” de referencia está redactado en papel membrete de la Presidencia de la Nación Argentina y abajo en letra más pequeña se lee Secretaria de Inteligencia de Estado.


Por lo general, los partes de inteligencia son redactados en papel en blanco, sin membrete identificatorio alguno que pueda detectar su origen en caso de pérdida o filtración a la prensa. Pero por las características del informe que hoy presentamos en exclusivo, el destinatario del mismo debió haber sido alguna personalidad de la administración alfonsinista y posiblemente un diplomático extranjero acreeditadoen Buenos Aires.




Al parecer, este documento durmió un sueño eterno desde marzo de 1989 hasta semanas atrás, cuando llegó a manos del autor de este informe.


Entre los párrafos más inquietantes de este escrito, transcribiremos a continuación los que rebaten los argumentos oficiales acerca del fallecimiento de la hija del magnate griego Aristóteles Onassis. Dicen textualmente lo siguiente:




A) No quedó totalmente en claro que LA CAUSANTE (así se denomina en la jerga del espionaje a la persona causante de la investigación, en este caso Cristina Onassis) murió en forma natural, sino que se multiplican las evidencias que arrojan luz sobre un probable asesinato.




B) Aunque en una primera instancia se pensó que la familia DODERO podría estar incriminada en el presunto crimen, surgen de las evidencias recogidas que los partícipes familiares son ajenos al hecho, y que las infracciones cometidas desde su muerte hasta que oficialmente se lo dá a conocer, se deben a que se pensó que una ingestión de droga pudiese haber sido la causa del fallecimiento.

Aquí hacemos un paréntesis en el informe de inteligencia y regresamos a la escena de la muerte, ocurrida en la quinta de Tortuguitas perteneciente al matrimonio compuesto por Marina y Alberto Dodero.




Cristina Onassis había arribado a la Argentina el 10 de noviembre de 1988 y se instaló en la suite del tercer piso del Hotel Alvear, habitación en la que dejó algunas de sus pertenencias y una especie de farmacia portátil consistente en 41 medicamente diferentes. Pero como la hija del mítico Aristóteles odiaba dormir en hoteles, a los pocos días se instaló en la quinta de Tortuguitas de sus amigos argentinos, la familia Dodero.



Allí se encontró con un integrante de la comunidad griega en la Argentina con quien vivía un romance que algunos calificaron de “baja intensidad”: Jorge Tchomiekdjoglou, aunque otras versiones hablaban de un cercano casamiento. La vida afectiva de Cristina Onassis era de una ciclotimia sorprendente, igual que sus estados de ánimo y sus continuos aumentos y disminuciones de peso .



Había pasado de vivir un romance frío con un agente de la ex central de espionaje soviética KGB, Sergei Kausov y una fugaz radicación en Moscú, a una apasionada relación con quien fuera en algún momento heredero de un imperio de laboratorio medicinal, Thierry Roussel, con quien tuvo a su hija Athina, la heredera más poderosa del mundo que recién se hizo cargo de su fortuna el 29 de enero del 2003 al cumplir 18 años de edad (tenía 3 cuando falleció su madre).




El sábado 19 de noviembre de 1988 a las 10.40 de la mañana, Marina Dodero creyó que Cristina –su íntima amiga- se había quedado dormida en la bañera de su quinta de Tortuguitas. La cabeza hacia delante, las manos entrecruzadas sobre el vientre, el pelo recogido en una bañera con los grifos apagados y muy poco agua que la cubriera en ese posible baño de inmersión. Una botella vacía de Coca Cola (bebida a la que la hija de Ari era casi adicta) tirada en el piso era el cuadro de esa mañana.
Marina Dodero llamó a la gobernanta-ama de llaves de Cristina, una enigmática mujer griega de 55 años de edad llamada Eleni Syrros.

“Madame, madame” dijo Syrros mientras sacudía la cabeza de su ama, hasta que en un arranque de histeria y desesperación lanzó un gritó que erizó la piel de Marina Dodero, de pié e inmóvil frente al cuadro que presenciaba: “Ce morta, ce morta” repitió Syrros una y otra vez. Efectivamente, la heredera del imperio Onassis dormía el sueño eterno y la historia de enigmas y misterios estaba por comenzar.

Lunes 25 de Junio de 2007 09:59 Jorge D. Boimvaser

Christina Onassis.Breve biografía


Christina Onassis (Χριστίνα Ωνάση) (* Nueva York, 11 de diciembre de 1950 – † Buenos Aires, 19 de noviembre de 1988) era la hija del magnate griego Aristóteles Onassis y Athina Livanos. Tuvo un hermano, Alexander, que murió en un accidente de aviación en 1973.

Nacida en la ciudad de Nueva York, no era una niña muy agraciada, por lo que a la edad de diecisiete se sometió a una operación de cirugía estética para reducirse la nariz y eliminar las ojeras. Se ganó el apodo de infeliz niña rica, a causa de sus fuertes depresiones bipolares y muchos desencantos sentimentales.

Christina se casó cuatro veces. Su primer matrimonio, con Joseph Bolker, acabó en divorcio por la desaprobación de su padre. Christina tuvo muchas relaciones sentimentales y se casó dos veces más (con Alexander Andreadis y con Sergei Kousov) antes de su último matrimonio.

El playboy Thierry Roussel fue su cuarto marido y el único con quien logró alguna estabilidad emocional y con el que tuvo descendencia, su hija Athina Roussel. Este matrimonio terminó en divorcio después de que Chistina descubriera que Thierry le era infiel con una modelo sueca, Marianne "Gaby" Landhage, aunque la relación continuó después de que el matrimonio estuviese legalmente disuelto.

Christina perdió a su familia más cercana en un período de 24 meses; la salud de su padre empezó a deteriorarse después de la muerte de Alexander y su madre se suicidó, algo que Chistina intentó hacer en varias ocasiones.

Murió a la edad de 37 años, en una estancia perteneciente a amigos personales en Buenos Aires, Argentina, a causa de un edema agudo de pulmón, mientras se bañaba, aunque los motivos del fallecimiento siguen sin estar del todo claros. Los expertos dicen que su muerte prematura fue provocada por los constantes excesos con las drogas y sus dramáticos cambios de peso.El cantante español Joaquín Sabina le dedicó la canción Pobre Cristina, incluida en su disco Mentiras Piadosas (1990).

Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Christina_Onassis"